Me das un soplo en el ojo.

Lo cierro ante el cosquilleo que me produce tu aire travieso.

Abro de nuevo y veo arriba en la cumbre bajo un sol radiante, que me desvela y me rompe dos sombras evaporándose.

Percibo el crujir de dos almas quebradas, rotas y desgastadas

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Al pie de la ladera una dama blanca corre tras su alma.

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Abajo en el pueblo, se oye un ruido sordo al entrechocar las maderas de las ventanas.

Ruido que sale desde una de las casas deshabitadas.

En los armarios media docena de camisetas gastadas y algunas mantas con agujeros.

Una caja llena de juguetes con los que nadie juega acapara polvo.

Bajo el lago una sirena sentada en una concha rodeada de medusas les cuenta historias antiguas.

En la superficie posada en un nenúfar, un hada azul llora lágrimas que se convierten en esmeraldas.

Todo eso veo en unas milésimas de segundo que tardo de recuperarme del cosquilleo de tu soplo en mi ojo.